voto obligatorio


Bogotá, octubre 10 de 2014






​Me refiero a la columna escrita por el Doctor Eduardo Verano de la Rosa el pasado miércoles, 8 de octubre de 2014 que titula “el voto un derecho fundamental, no una obligación jurídica”.

Con el mayor respeto, me permito manifestarle que la iniciativa del voto obligatorio que hace curso actualmente en el Congreso de la República y que muy pronto llegará para discusión a la Comisión Primera de la Cámara de Representantes, busca generar conciencia y pedagogía sobre la importancia del voto en la ciudadanía. Se busca romper los altos niveles de abstención que alcanzan el 60% de la población con posibilidad de votar en Colombia.

Los derechos fundamentales desde una perspectiva ontológica,  humanista e integradora también implican responsabilidades para los ciudadanos.

La situación aberrante que surgió en el siglo XX y que dio origen a dos guerras mundiales en el siglo pasado, entre otros factores, justamente surgió por la indiferencia de las mayorías. Gracias a su falta de participación se treparon en el poder grupos que dieron origen a la triste historia que todos conocemos.

Los derechos implican también responsabilidades y así lo consagra nuestra Constitución Nacional al señalar que los derechos también implementar deberes.

No comparto tampoco la teoría sobre el supuesto quebrantamiento de las Convenciones Internacionales de Derechos Humanos y por ende la Constitución. El mundo global avanza a pasos agigantados hacia la implementación del concepto de la responsabilidad social, tanto para las empresas como para los individuos, y así lo han establecido innumerables resoluciones de las Naciones Unidas. Más de mil millones de personas viven en la indigencia total, según recientes estudios del Banco Mundial.

Aceptar la teoría del Dr. Verano de la Rosa, sería tanto como pretender, guardadas proporciones, que los accionistas de una empresa tienen derecho a recibir dividendos, pero no la obligación de cobrarlos, porque redundaría en una  obligación.

Las personas reciben con agrado sus dividendos, porque es el producto de su inversión, si después resuelven donarlos, es otra historia. De igual manera se establece el símil: al ejercer el derecho al voto, lo que se hace es invertir en la democracia, para después poder exigir dividendos en buen gobierno, transparencia, servicios, educación, salud, seguridad, etc.

Claro, los inversionistas tienen toda la libertad de poner su dinero donde mejor lo consideren, igual pasa con el voto. Incluso, para ello se establece el voto en blanco, si ninguna de las opciones cumple las expectativas, ellos, los votantes pueden votar en blanco. Es tan importante el voto en blanco, que si supera el 50%, da lugar a repetir la elección con nuevos candidatos, de manera que estamos lejos de proponer ningún tipo de totalitarismo como lo insinúa ladina y absurdamente  el columnista.
​  

.