“Mal de muchos…”



Bogotá D.C., abril 25 de 2016



La columna de Yolanda Reyes en el periódico El Tiempo de hoy, “esas sutiles exclusiones”, nos deja varias reflexiones:

Sin duda necesitamos seguir construyendo un entorno de respeto hacia las opiniones de las mujeres, pero la mayor carga y responsabilidad la tienen los operados de los medios de comunicación, quienes elaboran los contenidos, el mensaje, la comunicación. Dos anécdotas para seguir ilustrando la realidad con dos hechos que justo me ocurrieron la semana que recién pasa con dos periodistas de calado:

1.En martes 19 de abril en el programa de Caracol Radio, Hora 20, me llama Diana Calderón sobre unos trinos que recién había puesto en mi twitter sobre la profunda preocupación que me embarga, y me sigue embargando, por el nombramiento del exgobernador del meta como director de la Unidad de Victimas, pues considero que conociendo a penas un poco la filigrana política desde adentro, me temo que esa unidad se pueda convertir en un fortín burocrático para pagar favores, antes que atender directamente a las víctimas; pues además de las investigaciones que cursan en la Contraloría Departamental (que por cierto, la investigación está en cabeza de familiares del mismo exgobernador) y la Contraloría Nacional, pues considero que deben resolverse primero esas investigaciones por detrimento patrimonial, antes de aceptar un cargo de tamaña responsabilidad. La periodista me trato de irresponsable, atreverme a generar esa alarma temprana sin pruebas. Supongo que prefería que me hubiese quedado callada, con el argumento que desafortunadamente fuimos compañeros de infortunio, como lo alcanzó a insinuar, como si ese lamentable hecho del secuestro, fuese una patente de corso para tapar los ojos y cerrar la boca ante la nueva realidad.

2. El miércoles siguiente, 20 de abril, en un almuerzo en la residencia de un embajador, con presencia de otros congresistas de diversos partidos, senadores y representantes, y algunos miembros del cuerpo diplomático, embajadores, y organizaciones sociales, dentro de los cuales también estaba invitado el caricaturista Vladdo (Vladimir Flórez), en varias ocasiones se refirió en términos desobligantes contra los “políticos”, con o sin razón, ese no es el debate; y a ese efecto, le mencioné que las generalizaciones siempre eran inadecuadas. Con todo, siguió en su tono burlesco, y soy consciente que esta es una pelea de toche contra curuba, la única congresista liberal era yo, y suelta esta perla: “Yo soy godo, y en Colombia todos los liberales son hijos de narcotraficantes, prostitutas, paramilitares y guerrilleros”, y siguió como si nada.  Como estoy enseñada a que cuando las piedras no son para uno, las deja correr, simplemente le dije que lamentaba que un hombre de supuesta juventud de espíritu pudiese incurrir en lugares comunes, ¿cómo iríamos como sociedad a evolucionar? Él insistió,” es que es una tradición”.

Yo no le dije más, pues me pareció de tan mal gusto, presentar esa imagen de Colombia a los extranjeros, y más siendo inexacta, por no decir mentirosa y falaz, me fui con ese sabor amargo entre el corazón y el alma.

Hoy esta columna, me hace pensar que es mal de muchos o mejor de muchas, que sufrimos este tipo de “discriminación o exclusión sutil”, burla, ofensa, discriminación sostenida y sistémica, al igual que la sufren desde hace mucho el 53% de la población femenina en Colombia, con “Aleida”, sin boca, para significar a la mujer sin capacidad de hablar, de expresar lo que siente, o lo que piensa, o que solo piensa a través de la pluma de un hombre, lo cual es absurdo. Como si no tuviésemos capacidad propia de pensar y de hablar. Es como la doble negación.  Seguramente dirán que es que pido censura, pero no, solo pido respeto. Las mujeres también tenemos boca para expresar, para hablar, para decir lo que pensamos, lo que nos duele, lo que nos parece injusto o injustificado, como este “mal chiste”, que por cierto no lo recibo contra mí como mujer liberal, de lo cual me siento orgullosa, sino como una expresión de intolerancia y de llana mala educación.

Además, algunos me han hecho caer en cuenta, que no se puede esperar de este tipo de periodistas, que viven de la carroña, como los buitres y se deleitan en el irrespeto, la intolerancia, la destrucción o la “sutil invisibilización”, retomando el título de la columnista. Sin duda, si pensamos en términos de paz y reconciliación, donde primero hay que trabajar y exigir es a nuestros comunicadores que limpien su alma, su espíritu de mejores sentimientos y expresiones, y que sean innovadores; porque con mentalidad  de primates o dinosaurios, ¿cómo podremos evolucionar como sociedad?.

 

Clara Rojas

Representante a la Cámara por Bogotá

Partido Liberal